June  20th.  2007
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La lucha secular de los campesinos contra los intermediarios que se enriquecen a su costa está teniendo estos días tintes revolucionarios en el Languedoc francés. Una autodenominada Unión para la Acción Vitícola está poniendo en el primer aprieto serio al gobierno de Sarkozy. Hartos de que les paguen una miseria por sus uvas, cuando ellos son el primer eslabón del milagro del vino francés, han lanzado su primera advertencia: o suben los precios de las uvas o «correrá sangre». ¿Sangre o vino? Me recuerda la historia de aquel noble que ordena a su criado que le suba de la bodega la única botella que le queda de una añada mítica de la Romanée Conti (12.000 euros la botella). Al cabo de un rato se oye un estrépito de cristales. Cuando baja, alarmado, y ve que un líquido rojo mana por debajo de la puerta de la bodega, levanta los ojos al cielo y reza: «Que sea sangre, Señor, que sea sangre».
Via Manolosaco.